ICBF y Humildad
Dijo Antoine de Saint-Exupery, que lo esencial es invisible a los ojos. Ese cuento es duro de aplicar, cuando llega la adultez, nosotros empezamos a mirar por los ojos, y los prejuicios nos invaden. Cuando se es adulto, se pierde la transparencia y la inocencia.
Hace 7 años, viajé a República Dominicana a asesorar un colegio cuya matrícula o colegiatura valía USD 4,000 al año, es decir, la módica suma de $ 7,200,000. El colegio, era lo llamado colegio en inglés, es decir, un colegio que daba todas sus clases, excepto Sociales y Español, en inglés. Cuando estaba ahí, veía sus alumnos, hablando español todo el tiempo en el recreo, y siempre me pregunté donde está el bilingüismo. La salida del colegio era todo un mar de exhibicionismo, llegaban grandes carros, con chofer o padres que hablaban con otros padres, se notaba que ellos habían escogido ese colegio no por sus hijos sino por ellos, para darse ellos el estatus, se notaba el aire de alardeo.
Mi compañera de oficina, recién se separó, ella fue modelo, estudiada en Miami con un tal John Casablanca, tiene el porte de casi una reina, se le nota, en su cara, el estatus estándar y anhelado por todos, cualquier hombre quisiera estar con ella. Es de buena familia, como dirían muchos, estudió en un colegio reputado de Cali y apenas se graduó de su carrera. Tiene una hija de 4 años, que estudiaba en un jardín por su anterior casa. Ahora vive en un barrio reputado de Cali, viaja en bus, deja a su hija todos los días en un jardín del ICBF, su hija comparte con niños que quizás son hijos de empleadas del servicio que trabajan cerca a ese barrio y que los dejan mientras trabajan. No he escuchado una sola queja ni lamento de mi compañera por ese jardín, incluso lo ha adulado diciendo que le cuesta menos, le dan almuerzo y le queda cerca. Su hija no ha sufrido traumatismos y de cierta manera, se ha resaltado que estude allí, se relaciona con niños que son solo eso, niños, iguales a ella, está creciendo en lugar diverso, donde aprenderá a darle más valor a las cosas.
Mi sobrina, estudia en un jardín de clase media alta, en el sur de Cali, dicen que es bilingüe pero yo no creo. Es la niña más adorada por todos, es adorable y pronto estará estudiando en otro colegio. Los fines de semana, pasa en el norte del Cauca, en la zona de conflicto más grande en este momento en Colombia, escucha los tiros a lo lejos y comparte con niños indígenas de la región. Allá se le ve sucia, juega, le gustan los perros y duerme con los gatos.
Salomé y Gabriela tienen una vida cómoda, pero crecen viendo una realidad, que quizás ellas no cambiarán, pero que sí comprenderán. Los niños no tienen prejuicios, a Salomé no le importa que hace la mamá de los niños que son sus compañeros de estudio, a Gabriela no le importa tomarse fotos con niños indígenas ni jugar con ellos. Espero que jamás Gabriela diga que los indígenas son sucios y pobretones, espero que Salomé jamás se arrepienta y oculte en el pasado que estudió en el ICBF.
Salomé y Gabriela, la madre de Salomé y mi hermano, nos dan una lección de sencillez, no les da pena que sus hijos crezcan en la diversidad, que crezcan viendo que el mundo es pobre y humilde, que ese es el verdadero valor de las cosas.
Los niños no tienen prejuicios pero los adultos se los inculcamos, por eso crecen y pierden su inocencia.
Por eso yo no quiero que ni Salomé ni Gabriela crezcan.
Pd. El colegio de República Dominicana, tan caro y todo, tenía unas instalaciones que no le dan ni a los tobillos al Santa Librada, no tenía ni cancha de baloncesto y era del tamaño de cuatro casas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario