Dignidad y Desempleo
Cuando uno se encuentra en un empleo siempre evalúa lo que puede lograr, con este, busca lograr por lo menos lo básico para su manutención y otras aspiraciones materiales que tenga.
En la medida en que logramos esas aspiraciones, nuestra curva de satisfacción pedirá más, así mismo, esta curva de satisfacción empieza a la baja, lo cual, nos hace o buscar una nueva oportunidad, quedarnos en una curva constante de confort o nos coincide con un nuevo ascenso que reclama nuevos desafíos.
Una vez encontré un chance de trabajar con unos empresarios japoneses, para mí, fue la gran oportunidad de mi carrera, iba a trabajar con la gente que tanto había leído en la universidad, me imaginé que en dicha planta, iba a ver "jidoka", "cinco eses", "kaisen"; en fin, todo eso que leí y que hice mi tesis -que salió meritoria- sobre el Just In Time en Toyota. Pero no fue así y el arquetipo japonés se derrumbó, cuatro días de haber entrado me dieron un coscorrón por haber cruzado la pierna.
Ahí se me derrumbó todo el "andon", "jidoka", "kaisen" y las "cinco eses" se convirtieron para mí en las cinco heces. La situación siguió siendo similar en todos los casos y con distintos sujetos. Los arquetipos son solo eso, modelos, mas no se puede aplicar a generalidad.
Mis dos jefes japoneses, son la mejor versión de esto, pero nosotros los colombianos no comprendemos esto porque creemos que por ser ellos u otros extranjeros, tenemos que admirarlos y tomarlos como modelo o estereotipo digno de imitar.
Dentro de todas las cosas presenciadas o vividas, hubo un sinnúmero, como escuchar que se tiene "el cerebro podrido", ver como echan a alguien de la reunión y recibir improperios por nuestro origen, del cual no tenemos la culpa y del cual deberíamos sentirnos orgullosos, pero el gran problema radicó no en que nos lo digan, sino en que nos creamos lo que nos digan.
Ahí es donde uno empieza a traducir hasta donde llega el punto de dignidad y hasta donde llega el aguante por conservar un empleo. En la mayoría de los casos se dio que la gente prefiró aguantar, en el fondo puede ser culpa de nuestra situación, le tememos al desempleo y por conservar el nuestro, estamos dispuesto a aceptar lo que sea, coscorrones, humillaciones, horas extras, acosos, saltarnos la ética. Yo llegué hasta lo último, no me aguanté prestarme para cosas que no coincidían con mis principios laborales.
Fue la decisión más importante de mi vida, sacrifiqué todo lo que tenía allá, el estar cerca de mi novia, el poder verla cada fin de semana, lo cambié por lo incierto, tuve que regresar a mi ciudad de origen, ver a mi novia cada mes.
Ahora no sé si volveré a la costa, a veces creo que no pasará.Todo esto por no decir mentiritas y no aguantarme coscorrones...
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