sábado, 8 de septiembre de 2012

Andrés Calamaro y el amor

Andrés Calamaro y el amor
 
 
Mientras uno crece va moldeando lo que es su personalidad, uno puede ser explosivo, resentido, egoísta, altruista, dedicado, mediocre, emprendedor. También va moldeando sus gustos, y aunque estos varían, algunos se sostienen y se confirman a través del tiempo. Al principio de mi adolescencia, me aprendí "More than words" de Extreme, "More the words can say" de Alias y "Because I love you", entre otras canciones. Ahí fue moldeando un gusto por el rock suave o baladas pop. Ya entrado en los 15 aproximadamente, me moví entre el house y el metal, primando incluso este último.
 
Los gustos musicales o culturales, también filtran tus amigos, si coincides con alguien en esos gustos muy probablemente te entenderás mejor con ellos, por eso poco creo en la forzosa propaganda de "Cerveza Póker". Mi primer y último guayabo me sorprendió en el CECOE en Medellín, acudiendo a un vacacional del distrito 4280 de Interact. Ahí, luego de que mi amigo Jaime me ayudara a bañar, apareció una música de un señor que decía "Te molesta mi amor, mi amor de juventud....", ahí me confirmaron, que era un cantante que año y medio antes había estado en Cali y que yo, cuando veía en los carteles no sabía quien era; pues era más y nada menos que Silvio Rodríguez. Con el tiempo y la inclusión cultural en la ciudad, se fueron conociendo más artistas, como Fito Páez, Andrés Calamaro, Charly Garcia, Los Kjarkas, que se han mantenido hasta mis últimos días y que me acompañan cada vez que enciendo mi computador. No hay por qué avergonzarse que a uno le gusten.
 
En el filtro de amigos, que obedece a la cultura, están las novias, se pueden tener varias novias y algunas no tan novias, pero si yo contara, con los dedos de mis manos alcanzaría para saber quienes coinciden realmente con mis gustos musicales y cinéfilos. Incluso en muchas ocasiones, tomé un rol más estándar en aras de lograr la seducción.
 
Al instalarme en otros países o en las ciudades del caribe colombiano, descubrí la escasez de personas que disfrutaran estos gustos, en lugar de autoexcluirse uno debe comprender que ese tipo de identificaciones culturales, aunque no deben ser ocultadas, pueden no ser compartidas; y eso no hace a los demás superfluos.
 
Al llegar a Barranquilla, me ennovié con una una mujer - 8 años menor que yo - en esa época 22 y yo 30 -, que a duras penas sabía quien era Andrés Calamaro, mientras yo no podía diferenciar entre la música de Silvestre Dangond, Pipe Peláez y Peter Manjarrés, sin embargo, uno encuentra puntos de equilibrio que logran que uno se pueda relacionar bien, eso sí,  no siempre son garantías de éxito en la relación. A veces creo que aunque a Barranquilla le llaman la Puerta de Oro de Colombia, como que el rock no entró allá, quizás entró a Colombia por el Pacífico, o entró por Bogotá.

En algún momento sí conocí - e incluso en Barranquilla -  a una mujer con mis mismos gustos musicales y culturales, pero yo no me aguanté que el amor fuera tan intenso mas aun cuando yo aún no estaba preparado para vivirlo después. No hubo Calamaro, ni Páez, ni Benedetti de su parte que sirviera.

Mi novia actual, no conoce bien quien es Páez, Calamaro y mucho menos Charly García y Spinetta, no se aguanta una canción de ellos, pero me ha aguantado y amado durante cuatro años y espero sigan siendo más.

El amor vale más que una canción y que una melodía, que un gusto común por un teatro o por una ópera. Quizás la música de Silvio me acompañe en un despecho, aunque quizás hasta lo agrava.

Calamaro, Páez, el buen cine, han acompañado mi vida en los últimos 18 años de mi vida. Manjarrés, Dangond y Peláez acompañan la de mi novia, aparentemente eso nos separa, pero nos une más la honestidad, la transparencia, el gusto por trabajar, el querer una vida juntos.

Al fin y al cabo, ¿de qué sirve te guste la misma música y cultura que el otro,si éste te traiciona, vive de vos y te usa?

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