Hasta donde puedo llegar
En estos días, hablé con mi amiga Johanna, una mujer que conocí en el año 2008 en mis vacaciones en el Amazonas, y que ella, diferente a mí, iba a trabajar a Leticia, increíble pero cierto...sin embargo, se tomó un día para pasear y lo hizo conmigo. Johanna, una mujer guapa, de casi mi edad, se regresó un sábado santo a trabajar a Bogotá pues tenía que seguir trabajando, yo me regresé el día domingo a Bogotá a seguir descansando y el día lunes a trabajar.
Johanna escribe en su perfil de msn, frases referentes al trabajo con mucho positivismo, que el trabajo es dignidad, que el trabajo requiere esfuerzo, todo reafirmando la importancia del trabajo en su vida. Es un hecho el trabajo es importante y es una ocupación inherente a nuestra adultez.
El día que hablé con mi amiga Johanna, dijimos algo claro y es que nosotros estamos dispuestos a hacer cualquier cosa por trabajar o por el trabajo. Así ha sido, y quizás así siempre sea. Pensamos todo el tiempo en el trabajo, y por ende nuestro trabajo piensa todo el tiempo en nosotros.
Yo miro mi celular para ver si me han llamado y si llego a notar una llamada perdida me da angustia y creo que me regañarán si no la atiendo, si tengo que transnochar lo hago, si tengo que madrugar lo hago, siempre estoy a disposición de manera incondicional hacia el trabajo, me pongo la camiseta y la pijama de la compañía y hasta me confundo al hablar de mi vida con el trabajo.
Yo he vivido en 8 ciudades, 5 colombianas y 3 dominicanas, con excepción de Cali, todas ha sido por trabajo. En muchos de esos casos las condiciones de vida no han sido las mejores, viví en un país tan hermoso como República Dominicana donde se va la luz, se le va tanto a ricos como a pobres, y viví en una ciudad dominicana llamada la Romana, donde se va más veces la luz y que además se me iba el agua y en 3 meses allá jamás pude sacar un ratón que habitaba al lado del tarro de basura (es más creo que yo me fui y el ratón quedó como arrendatario de mi apartamento).
Todo eso lo hice sin revirar, igual, no podía, si lo hacía, perdía mi trabajo o sería degradado. Sacrifiqué por un tiempo mis principios vinculándome a una refinería japonesa que me marcó para siempre, me sometí a humillaciones y todo eso por entregarme a ella o al miedo al desempleo. Me aguanté durante 6 meses que un jefe consultor no me pagara mi sueldo, pero en cambio sí me fui a Medellín durante un fin de semana transnochando pensando que íbamos a vender un proyecto - digo íbamos pero realmente, el que lo vendería sería él, pues es su empresa -.
El trabajo dignifica el hombre y es una actividad inherente a la adultez, entrega, no solo remuneración sino oportunidades de crecimiento y reconocimiento, a través de él, se evoluciona - o por lo menos eso se espera -, a través de él, construimos nuestra vida.
Lo importante es que cada uno tenga claro que tanto está dispuesto a hacer por él, que tanto uno trabaja para el trabajo o que tanto el trabajo trabaja para uno, y en lo segundo está la diferencia. Existimos los que hacemos lo primero y hay otros que hacen más lo segundo. Los segundos no se angustian por no contestar una llamada fuera de horarios laborales, incluso intencionalmente no lo hacen, y al otro día llegan como si nada pasara y nadie les dice nada, los segundos, si tienen un traslado logran que les den un aumento de dinero e incluso se niegan si este traslado es a sitios que no les gusta, pocas veces trabajan un fin de semana y ya han logrado construir su vida quizás hasta con menos ingresos que los primeros.
Lo importante es poder cambiarse el chip o aprender a elegir entre lo que realmente nos da evolución - así tarde un poco más - o lo que realmente nos da la solución temporal de evitarnos un desempleo.
Lo importante es saber hasta donde puedo llegar. Por mi parte yo he llegado a una ciudad que jamás pensé vivir, con 2 días a la semana de servicio de agua, deficiente alcantarillado y un calor infernal, pero contratado por una transnacional escosesa con unas buenas posibilidades de crecimiento, solo lo que me suceda, me dará como conclusión si trabajé para mi trabajo o mi trabajo trabajó para mí.
Por ahora me dí cuenta que llegué a Ríohacha.
me gustaria pensar que mi trabajo, trabajò para mi, las empresas no piensan, ni tienen memoria, solo reemplazan gente.
ResponderEliminarte mueres, llega otro y siempre ese lo harà mejor.
cuando tu trabajo invade toda tu vida, llegara el dia en que se piense, mi trabajo me dio la posibilidad de comprar, vender, obtener, pero los momentos en familia, cumpleaños, no se reemplazan, ni las personas vuelven a ser jovenes para vivir las experiencias perdidas.
ideal un trabajo que piense realmente en ti y tu en el, pero hasta ahora creo que los trabajos no piensan, solo existen no??
besos
=)
Yo lo veo más como que uno se entrega, a la larga, todos trabajaremos siempre o gran parte de nuestra vida, en la teoría uno sabe que el trabajo no debe abacarlo a uno hasta que pierda su esencia. En la práctica, por lo menos en la mía, mis trabajos me han mandado mi vida, han decidido donde debo vivir, cuánto debo ganar e incluso con quien debo relacionarme - amores prohibidos o subrepticios por lo menos-. Ahí quizás está la gran equivocación, que por ahora no ha pasado de ser una ardua reflexión.
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